Preparación
Sigue los pasos y prueba mientras cocinas.
Asa la calabaza
Precalienta el horno a 220 °C. Corta la calabaza en dados de unos 2 cm, mézclalos con 15 ml de aceite de oliva y 2 g de sal. Distribúyelos en una sola capa sobre una bandeja y ásalos durante 22–25 minutos, hasta que los bordes se doren y la pulpa esté tierna.
Dora los champiñones y la salvia
Corta los champiñones en láminas, pica finamente la cebolla y trocea el ajo. Derrite 5 g de mantequilla en una cazuela amplia y fríe las hojas de salvia durante unos 20 segundos, hasta que estén crujientes; resérvalas. Añade los 15 ml de aceite restantes y los champiñones. Cocínalos durante 5–6 minutos sin removerlos demasiado, para que se doren; después, sazónalos con 1 g de sal, retíralos de la cazuela y resérvalos.
Prepara la base de cebada
Pon la cebolla en la misma cazuela y sofríela durante 4 minutos, hasta que se ablande. Añade el ajo y remueve durante 30 segundos. Incorpora la cebada y remueve durante 1 minuto más para que se impregne de la grasa. Vierte el vino y cocínalo durante unos 2 minutos, hasta que casi se haya absorbido por completo.
Cuece la cebada hasta que esté tierna
Mantén el caldo caliente. Añade a la cebada unos 150 ml de caldo cada vez y remueve con frecuencia; incorpora la siguiente cantidad cuando la anterior casi se haya absorbido. Tras 30–35 minutos, la cebada debe estar tierna, pero conservar una ligera firmeza al morderla. Utiliza todo el caldo; si es necesario, cuece destapado durante los últimos minutos para que la mezcla no quede demasiado líquida.
Termina el plato y sírvelo
Incorpora a la cebada la calabaza asada, los champiñones reservados, el parmesano y los 15 g de mantequilla restantes. Sazona con los 2 g de sal restantes y 1 g de pimienta negra. Caliéntalo brevemente para que se integren todos los ingredientes y sírvelo espolvoreado con las semillas de calabaza y la salvia crujiente.

