Preparación
Sigue los pasos y prueba mientras cocinas.
Asa la calabaza
Precalienta el horno a 200 °C. Corta la calabaza en dados de aproximadamente 2 cm, distribúyelos en una sola capa sobre una bandeja y ásalos durante 30–35 minutos, hasta que estén completamente tiernos y ligeramente dorados por los bordes. Tritura la calabaza aún caliente hasta obtener un puré fino y baja la temperatura del horno a 160 °C.
Prepara los arándanos rojos y las semillas
Pon los arándanos rojos en un cazo pequeño con 30 g de azúcar, el agua y el zumo de limón. Cuécelos a fuego medio-bajo durante 7–9 minutos, hasta que algunas bayas se abran y el jugo espese ligeramente; deja que se enfríen. Tuesta las semillas de calabaza en seco en una sartén durante 2–3 minutos, removiendo con frecuencia. Retíralas en cuanto empiecen a desprender aroma y se doren por algunas partes.
Mezcla la crema
En un bol, bate los huevos con 75 g de azúcar y la sal solo hasta que se integren, sin que espumen. Incorpora el puré de calabaza, la leche, la nata y el extracto de vainilla. Reparte la mezcla en seis cuencos resistentes al calor de aproximadamente 180 ml de capacidad.
Hornea al baño María
Coloca los cuencos en una fuente honda para horno. Vierte agua caliente en la fuente hasta que llegue aproximadamente a la mitad de la altura de los cuencos. Hornea a 160 °C durante 35–45 minutos. La crema estará lista cuando los bordes estén cuajados y el centro aún tiemble un poco al mover suavemente la fuente.
Deja reposar y sirve
Saca con cuidado los cuencos del baño María y deja reposar la crema durante 20 minutos. Sírvela templada o fría, con los arándanos rojos y las semillas de calabaza tostadas. El jugo de los arándanos aporta la acidez necesaria al postre, así que repártelo junto con la fruta.



