Preparación
Sigue los pasos y prueba mientras cocinas.
Prepara los membrillos y la infusión
Pela los membrillos, pártelos por la mitad y retira los corazones. Úntalos enseguida con zumo de limón para evitar que se oscurezcan. Lleva a ebullición en un cazo el agua con el azúcar granulado y las vainas de cardamomo ligeramente machacadas. Retira el cazo del fuego, añade las bolsitas de té negro y deja infusionar 4 minutos; después, retíralas.
Escalfa los membrillos lentamente
Introduce los membrillos en la infusión con el lado del corte hacia abajo. Caliéntala hasta que apenas burbujee, tapa el cazo y cuece durante 40 a 50 minutos. A los 35 minutos, comprueba la textura de los membrillos con la punta de un cuchillo: deben estar tiernos hasta el centro, pero conservar la forma.
Hornea el crumble crujiente
Precalienta el horno a 180 °C. Mezcla la harina de centeno, los copos de avena, las pipas de calabaza, el azúcar moreno de caña y la sal. Añade la mantequilla fría cortada en trozos pequeños y trabájala con los dedos hasta obtener migas gruesas. Extiéndelas sobre una bandeja forrada con papel de horno y hornea durante 12 a 15 minutos, hasta que los bordes estén dorados. Deja enfriar para que el crumble se endurezca y quede crujiente.
Reduce el sirope y endulza la crema
Retira con cuidado los membrillos tiernos y colócalos en un plato. Hierve la infusión destapada durante 8 a 10 minutos, hasta que se reduzca a unos 180 ml y adquiera una ligera consistencia de sirope. Mezcla la crema agria con el azúcar glas hasta que quede homogénea.
Sirve
Pon la mitad de la crema agria en cada plato, añade la mitad de los membrillos, rocíalos con un poco de sirope caliente y espolvorea el crumble de centeno. Sirve el resto del sirope aparte. Sirve los membrillos calientes y deja la crema fría para crear un agradable contraste en el postre.



